domingo, 21 de junio de 2020

Las salsas del encierro

Una larga y angustiosa introducción de pandemia

Viendo los silencios en la Wikocina uno se queda pensando en la necesidad de tener mayor constancia. Con Ysabel he aprendido que, escribir es un deseo compulsivo, a veces la cotidianidad lo sepulta, pero en otras oportunidades no hay forma y hay que sentarse a escribir. Así que hoy, sin rubor, les comparto esta publicación luego de un prolongado período de inactividad en la Wikocina pero que ahora si que me lo pide el cuerpo. 

Este encierro universal me ha colmado de angustias. Es una nueva realidad de VIVIR (así en mayúsculas), ejerciendo una esquizofrenia ocupacional que agobia. Los hogares dejaron de serlos y, se convirtieron en salones de clase, oficinas, gimnasios y ambientes de esparcimientos, con un montón de actividades ocurriendo al mismo tiempo. La casa se ha convertido en celda. Jamás la humanidad había cohabitando tanto tiempo con la familia o con los amigos, forzándonos a relacionarnos como nunca antes.

Como no tengo remedio y el trabajo marca mis angustias, me da por imaginar cómo será la academia y, más precisamente, cómo habremos de gestionar los grupos de investigación en la post-pandemia. Es decir, ¿cuál será nuestra práctica cotidiana con los estudiantes, con los colaboradores y colegas? ¿Cómo será nuestra vida académica a partir de ahora? Es cierto que la humanidad ha sufrido otras pandemia y no habíamos notado sus cicatrices, pero siento que ésta, por su simultaneidad, podría marcarnos de forma indeleble.  

Pero volvamos a la vida académica. Los grupos de investigación se construyen sobre relaciones humanas con un montón de horas en los cafetines y no pocas horas de asados/parrillas que tejen empatías colectivas. ¿Cómo hacemos ahora? Definitivamente hay que crear espacios virtuales que repliquen los ambientes relajados, donde mostremos quiénes somos y no solo cómo calculamos.  Así nació el viernes de Beer & Relax para encontrarnos sin agenda previa y cada quien son su cerveza en su celda. Rápidamente transitamos por la idea de un encuentro que replicara una invitación a cocinar y ésta es la forma que estamos explorando ahora. 
Además, en este encierro estamos transitando nuevas realidades y, varios (casi todos), de mis estudiantes quedaron aislados en espacios donde pueden cocinar pero nunca lo habían hecho. Entonces, este encuentro semanal tiene agenda: la cocina, los platos, las recetas. 

¿Cómo podemos mitigar estas realidades con recetas fáciles y chévere? Entonces aquí vamos con unas recetas de salsas de pasta que puedan motivar un acercamiento a la cocina.

Un Bioquímico, tres salsas y un destino

Por allá en un lejano 1970, en tercer año de bachillerato (en Venezuela son cinco años), estudié Biología por el libro Temas de Biología de un tal Mario Spinetti Berti. Para los lectores provincianos como yo, los autores de los libros son eruditos lejanos. En Caracas varios de los autores de los libros clásicos de la secundaria eran los profes de los liceos y los colegios. Pero eso no era así en Valencia donde yo estudié. 

Cuál no sería mi sorpresa cuando llegué a la Universidad de Los Andes y resultó que, aquel lejano autor de mi libro de Biología aparecía en las fotos de los decanos de la Facultad de Medicina. Era uno de los íconos de la Bioquímica de la Universidad de Los Andes y me impresionó cómo un científico consagrado era capaz de impactar con su mensaje a un provinciano estudiante. 

Muchas familias italianas han tenido una destacada participación en la vida de Mérida y mi amigo Humberto Ruiz ha escrito bellas anécdotas sobre los italianos en Mérida. En esta historia la familia Spinetti Berti llegó a Mérida en 1927 y Don Mario con escasos siete años. Hizo toda su carrera académica en la ULA ocupando importantes responsabilidades, tanto académicas como administrativas dentro de la universidad.
Don Mario fue polifacético y su producción intelectual refleja ese abanico de intereses del cual su libro de La Pasta. Recetas favoritas de Don Mario es una clara muestra. Además de ser un bioquímico reconocido cocinaba y, se tomaba la molestia de escribir disfrutando con sus amigos la cocina. Eso me pareció chévere.

Cuando, a principio de los 90, me tropecé el libro de Don Mario yo ya tenía mas de 10 años en Mérida y muchas recetas de salsas de la tradición oral del Molino 32. Las panquecas de Otilia y la putanesca de Alberto en este blog lo testimonian. El libro de Don Mario, fue unirle historias a las salsas que había aprendido de oido.  

Las salsas que presento a continuación son algunas versiones inspiradas en las Recetas favoritas de Don Mario. Con Julián mi hijo, hicimos una selección de las mas fáciles y rápidas que hemos hecho (juntos y separados) por años. Ahora, es un placer ver como las recetas rebotan versionadas por Julián y por Arturo.

La matriciana o amatriciana

La encuentran de escrita de ambas formas, aunque parece que la correcta es la segunda. Típicamente la amatriciana se asocia con pasta con huecos corta (pennes) o larga (bucatinis), pero va bien con cualquiera. Los bucatinis  alla  amatriciana es uno de los platos banderas en la mesa romana. Mi versión tiene cebolla y, obviamente tomate. La versión original es sin tomate, pero esa ya está casi extinta. 

Ingredientes para seis a ocho comensales

  • 1500 gr de tomates muy maduros
  • 750 gr de cebollas
  • 200 de tocinera
  • Aceite comestible, mejor si es de oliva
  • Sal, pimienta y ají al gusto  
Se cortan las tocineras en trozos ~1.5cm-2.0cm y se sofrien (en dos o tres cucharadas de aceite) hasta que están doradas. Se sacan y se apartan. Se cortan finamente las cebollas y se sofrien en el aceite y la grasa que han dejado las tocinetas fritas. Se sofrien hasta que las cebollas cambien de color y se haga casi trasparentes. Se añaden una cucharadita de sal para que las cebollas se deshidraten. A continuación agregue los tomates también finamente cortados. Se mantiene la mezcla a fuego medio, revolviendo con cierta frecuencia, pero sin mucha dedicación. Se notará cuando la cocción comience a estar lista con un cambio de rojo a anaranjado en el color de la salsa tomate y el aceite comience a separarse. La salsa se hará homogénea y con los tomates casi disueltos. Entonces se incorporan las tocineras y se ajusta el sabor con sal, pimienta y el aji. La amatriciana va indisolublemente unida a ingentes cantidades de queso pecorino, pero, otra vez... va bien con un parmesano decente.

Me encanta la velocidad de este medio y ya hay algunos de mis estudiantes quienes comienzan a  reproducir esta salsa. Adriana entendió la idea de la facilidad. No se dio "mala vida" con la cebolla y el tomate finamente picados. Esa es la actitud y gracias Adriana por esa apropiación inmediata de la idea y de la salsa. Espero que los viernes de B&R del grupo sigan así de efectivos. 

La amatriciana tiene la virtud de conservarse durante una semana en la nevera y si la quieren que dure mas tiempo (y no son muy puristas) la congelan. 

Chorizo y queso

Esta variante le fascina a mi amiga Marinela Silva. El procedimiento es el mismo que el anterior solo que hay que sustituir la tocinera por chorizo (o simplemente salchicha) troceado en pedazos de las mismas dimensiones y que se van a incorporar a la salsa ~200gr (la misma cantidad de chorizo) de queso parmesano en bloque (mejor si es Pecorino). La idea es picar el queso en cubos de ~1cm-1.5cm de arista (solo para neuróticos) y se espera al final de la cocción de la salsa para echárselos. Se deja reposar la salsa con el queso en trozos unos 10 minutos y se sirve. Es una salsa divertida porque uno se "tropieza" con los pedazos de chorizo y queso parmesano son islas de sabor fuerte. Esta salsa también "aguanta" nevera y congelación.  

La carbonara 

Otra salsa express es la carbonara y, otra vez un montón de historia se tejen alrededor de su origen. Es una salsa sin tomate, como la amatriciana original y el truco es su preparación inmediata. Obviamente no se preserva y hay que dimensionarla para el número de comensales. Mi versión no lleva crema de leche, pero la he visto reseñada así para hacerla mas cremosa. La receta que presento es para dos comensales y, advierto, esta salsa no escala linealmente. Vale decir, no es vale multiplicar los ingredientes por cada dos comensales. No queda otra que tomarle el pulso al aumento invitados.

Ingredientes para dos personas

  • 400 gr de pasta
  • 100 gr de parmesano (o mejor pecorino) rallado
  • 150 gr de tocineta troceada
  • un par de cucharadas de mantequilla
  • 2 huevos grandes
  • Sal y pimienta al gusto 
Sofría la tocineta con la mantequilla hasta que quede dorada. Mezcle los huevos con el queso como si fuera a prepara una tortilla (si le quiere poner cuatro cucharadas de crema de leche o suero, este es el momento). Debe quedar la mezcla lo mas homogénea posible. Ponga a cocinar la pasta hasta que quede muy al dente, es decir durita, que le falte cocción. Escurra la pasta pero conserve algo del agua donde se cocinó, incluya la tocineta y vuelva a calentar pasta y tocineta. Apague el fuego y añada la mezcla de huevos y queso. Revuelva para que la pasta se impregne de toda la salsa, sirva inmediatamente.  

Hay una variante que aprendí de mis hijos que han crecido sibaritas. Se cocina la pasta con menos agua de los normal de tal modo que no se escurra sino que se lance la tocineta y la mezcla de huevo y queso directamente a la pasta con el agua. Queda muy cremosa porque tiene mucho almidón pero hay que medir cuanta agua queda de la cocción.

 

sábado, 5 de enero de 2019

Nuestro Pan de Jamón (Rago-Silva) de cada diciembre

Cuando comencé este blog en el 2010 mi idea era compartir las recetas de platos que he disfrutado con mis amigos. Pero hoy, cuando la emigración forzada de nuestro país alcanza  proporciones jamás vista en la historia latinoamericana y se convierte en un exilio obligado, es imperioso dejar testimonio de las historias de los platos que nos definen como venezolanos.  


Siempre, o casi siempre, los platos que dibujan la nacionalidad se diluyen en la historia. Casi nunca se sabe cuándo surgieron, ni quien los creó.  El pan de jamón constituye un caso singular en la historia de la alimentación.  Conocemos el lugar, el año de su creación y quizá sea como, dice Miro Popic la mayor y más importante contribución venezolana --mas concretamente caraqueña-- a la historia de la gastronomía universal (Miro Popic, 1986, El Libro del Pan de Jamón ... y otros panes, Ediciones Armitano, Caracas) . 

Es  Miro quien desentraña el origen y posterior entronización del Pan de Jamón: surge en Caracas en la panadería de Gustavo Ramella, de Gradillas a Solís (esta original forma de dar las direcciones en Caracas donde lo importante no son las calles y menos los números, sino la cuadra delimitada por las esquinas que la definen). La panadería Ramella comenzó a hacer Pan CON Jamón en diciembre de 1905, quizá para recuperar los recortes de Jamón planchado "Ferrys" que, junto con la hallacas y el dulce de lechosa, eran los platos navideños sofisticados de la Caracas de principios de siglo XX.


Seguro el Pan de Jamón no tiene la linda historia que Rafael Cartay nos cuenta, sobre el homenaje que le hace un padre panadero de Caracas al casamiento de su adorada hija (Rafael Cartay, 1999, El pan nuestro de cada día. Crónica de la sensibilidad gastronómica venezolana. Ediciones Fundación Bigott, Caracas).  No importa, el Pan de Jamón nos define como venezolanos y, ahora que estamos desperdigados por el mundo, hay que seguir manteniendo e impulsando esos sellos que nos distinguen.

El primer pan de Jamón que ayudé a hacer fue en Caracas, casa de Marianela Lentini, creo que en 1984 y estábamos estrenando la receta del recién salido libro rojo de Armando Scannone. A partir de ese diciembre me lo compré y, desde entonces ese libro no ha dejado de acompañarme en mis casas. Creo que ese libro se ha convertido en compañero de viaje a los millones de venezolanos que estamos obligados a estar fuera.

El Pan de Jamón ha sido el producto del "rebusque decembrino" de muchos venezolanos (en particular de Miro y varios artistas caraqueños, tal y como lo menciona en su libro). Durante varias navidades, mi hijo Julián ha horneado centenares de estos panes para financiar sus diciembres y su versión, surgida de la receta de los Silva Beauregard, es famosa entre amigos y familiares.  Marinela Silva y, sobre todo sus hijos Amalia y Sergio Rago, mantienen esta receta del pan de Jamón, refinándola año a año. 

Este diciembre, Julián no estaba en casa y para el 31 hacía falta pan de jamón para completar el plato navideño, conformado por hallacas y pernil de cochino.  Así que convocamos a un par de panas en el exilio: Adriana Vásquez y Héctor Rago, para completar el equipo. Manos a la obra...

Al otro lado del Atlántico, en Marsella, mi hijo Arturo y en Barcelona-España, su prima putativa, Amalia Rago, iniciaban procesos parecidos y casi simultáneos.  Sergio Rago en Buenos Aires, Marinela desde Miami y Julián en Pampatar completaban la confección del pan, con comentarios y detalles por Whatsapp. Definitivamente, el pan de jamón nos unió este fin de año a las familias venezolanas desperdigadas por el mundo.

Pan de Jamón de Amalia Rago

La que presentamos aquí corresponde a Amalia Rago Silva, que es la mas cercana a la famosa receta de Julián.

Ingredientes para 1 Kg de harina (3 o 4 panes)

  • 1 kilogramo de harina, no leudante
  • 30gr de levadura seca 
  • 400ml (taza y media) de leche
  • 2 huevos
  • 375gr de mantequilla con sal
  • 1 taza o 15 cucharadas o 200gr. de azúcar
  • 1 kilo de jamón de pierna, rebanado
  • 200 gr de uvas pasa
  • 500 gr de aceituna verde deshuesada
  • 250 gr de tocineta ahumada

Preparación

Se entibia la leche con una cucharada de azúcar y se disuelve la levadura. Se deja reposar la mezcla tapada por media hora, luego, se baten los huevos y se incorporan a la leche con levadura. 

Se suaviza la mantequilla con un tenedor y se mezclan con el azúcar.  Finalmente se mezclan harina, leche, levadura, huevos. Seguidamente se incorporan el azúcar y la mantequilla, se corrige la textura de la masa con poquitos adicionales de leche tibia amasándola hasta que quede homogéneav y los dedos queden limpios. Se deja reposar la masa tapada en un envase engrasado, por un par de horas. La masa deberá duplicar su volumen. 


Depende de la bandeja que tengan para colocar en el horno de divide la masa. Típicamente esta mezcla da para tres o cuatro panes. Se extiende la masa con una extensión de 40cm x 30cm y, quizá 1cm de espesor.  Se colocan las rebanadas de jamón de tal forma que cubran la masa y, la tocineta se organiza longitudinalmente. Se riega con las uvas pasas y las aceitunas picadas. Las aceitunas pueden ayudar a darle estructura al pan si no se pican y, en este caso, se colocan en filas paralelas a las tocinetas. 

Se enrolla la masa, se le cierran las puntas, se coloca el pan en una bandeja enmatequillada y se dejan reposar tapado por una hora más. Los panes deben ser colocados en la bandeja, con la costura final hacia abajo para evitar que al hornearse se abran. Esta es la segunda fermentación que hace a los panes esponjosos. 


Se precalienta el horno a 200F y se coloca el pan por 10 minutos, se aumenta la temperatura del horno a 400F y a los 15m se unta con una brocha una mezcla de un huevo completo y dos cucharadas de panela, papelón o azúcar morena. Se hornea por 15m a 20m adicionales.  

Versión vegetariana

Hicimos una versión vegetariana para Ysabel. La armamos con pimentón en tiras (500gr), ajo-porro (puerro) 500gr y queso crema 300gr y fué mas o menos así. Se sofríe el ajo porro con 3 o 4 dientes de ajo, según el gusto. En este caso los pimentones enteros se queman en la hornilla para eliminar la piel. Se deja reposar 15m-20m envueltos en papel, se lavan para sacar la piel quemada y se cortan en tiras, lo mas largas posibles. Se mezcla el queso crema con el sofrito de ajo-porro y extiende sobre la masa. Se ordena longitudinalmente el pimentón y se riegan las uvas pasas con las aceitunas. Se arma y se deja reposar el pan para la segunda fermentación, como en el caso anterior.   

Añadidos de amigos

Al difundir este escrito entre los amigos recibí un montón de comentarios que refuerzan que cada venezolano lleva su pan de jamón bajo el brazo, no importa dónde esté.

  • Mi tutor, amigo y gran cocinero, El Gaucho Herrera, me envía desde Salamanca. Pues te diré que aquí hicimos uno que es de lo mejor que he probado. Anexo foto del producto y de la receta. 
  • Mi compadre Williams Barreto, desde Rio de Janeiro nos comenta que su receta es la de Scannone 


  • Mi amiga y gran Cheff Diana Garrido, de la Casa del Viento, Mérida-Venezuela (@laCasadelVient ) nos presenta su receta de su pan de jamón.
    Es tradición en esta casa hacer el pan de jamón en masa brioche. Este año, sin embargo, quisimos hacer una receta mucho más sencilla para compartir con ustedes, y resultó que fue un exitaso!

    De esta receta sale un pan grande como los de panadería.
    Para la masa: Hidratar 3g de levadura en polvo con unos 50ml de agua tibia. Dejarlo hasta que espume en la superficie. Aparte, pesar juntos 300g de harina de trigo junto con 60g de azúcar y 1 cdita. de sal fina. Cuando la levadura espume, hacer un volcán con los secos y añadir esta junto con 2 huevos grandes. Amasar. Si falta agua. Añadir de a poquito. Cuando la masa sea suave e hidratada lo suficiente como para que no se pegue a la mesada (no debe ser una masa dura y seca).

    Ahí, añadir al amasado 70g de mantequilla derretida. Amasar, amasar, amasar. Hasta que puedan ver bien formadas las cadenas de gluten. Golpeen la masa contra la mesada hasta que obtengan una masa elástica y bella. ‎Yo la puse 1 hora en el freezer dentro de una bolsa plástica. Concluido ese tiempo, la saqué y estiré sobre la mesada enharinada y rellené. También se puede dejar toda la noche en la nevera.
    Para el relleno: disponer de 400-450g de jamón (artesanal), 150-200g de tocineta ahumada, piña caramelizada en cubos (picarla en cubos, colocarla en un caldero, endulzarla con azúcar o panela rallada, un chorrito de vainilla y un chorro de ron venezolano, y dejar que la piña suelte sus líquidos, se evaporen y caramelicen), aceitunas, unas 60 unidades y panela rallada.

    Luego de tener bien fría la masa, estirarla sobre la mesada con abundante harina, dándole forma rectangular. En el extremo más cercano al borde de la mesada, disponer una fila de aceitunas, una junto a otra y enrollar la masa en sí misma. Distribuir el papelón rallado sobre la masa, dejando unos 15cms libres en el otro extremo. Luego, disponer el jamón y la tocineta cubriendo el área del papelón. Agregar piña caramelizada, pasas, si se desea (este año, con la piña es suficiente y delicioso igual) y aceitunas. Enrollar. Pintar con yema. Hornear comenzando a 180°C, seguir a 160° hasta que esté bien cocido por dentro. Enfriar y disfrutar del pan hecho en casa, el mejor del mundo!

  • El amigo, José Castillo desde San Diego, EEUU, no se queda atrás con su pan